Facebook te amo, te odio, dame más…
Sumergida en mis pensamientos más indecorosos me pregunto hasta que punto puede llegar nuestro morbo a la hora de compartir intimidades… Todo comenzó un día en que saqué una cuenta en una página llamada Facebook. Dicen que el lava-cerebros comenzó a manera de sitio social donde los compañeritos de una universidad elitista podrían compartir sus fiestas, fotos y confesiones post adolescentes. Pero el boom invadió luego a tantísimos otros círculos ya no sólo universitarios, sino secundarios, primarios y no estaría tan segura si no incluye hasta a jardines de infantes. Ahora la pregunta que yo me hago es hasta dónde puedo compartir mi intimidad y hasta dónde quiero saber de la intimidad de todos aquellos que se dicen “mis amigos”. Amigos, lo que se dicen amigos, yo no puedo contar más de dos o tres. Las otras son personas a quienes yo aprecio mucho –muchísimo en algunos casos- y el resto , por lo menos en mi caso, algún que otro conocido de la vida. Nunca quise tener un millón de ...